60e222fe995d1

‘La casa de los siete infiernos’ esconde secretos macabros

Dicen que hacía medio siglo, allí dentro había trabajo sexual, escándalos, peleas y eventos paranormales. Lo recuerda el último inquilino.

Fotografía Extraída de Google

A sus 87 años, Vicente Carlosama asegura que es uno de los últimos sobrevivientes de ‘La casa de los siete infiernos’, situada en las calles León y Manabí, en el barrio La Tola, centro de Quito.

Aún recuerda con claridad algunos episodios que vivió hace medio siglo cerca de aquel inmueble que hoy luce colorido, pese al abandono.

“Yo habitaba en el tercer piso de esa casa. Le llamaron así, porque había siete covachas o ‘cuartuchos’ de mala muerte, en donde se metían las prostitutas con sus clientes y armaban escándalos. También había peleas. Todas las noches era lo mismo, parecía un infierno”, detalló el anciano.

Según él, la energía en este sitio puede ser pesada para muchos, pero para quienes no creen en los espantos o desconocen la historia es un sitio inadvertido.

“Pese a todo lo que vi, nunca me fui. Solo lo hice cuando la vendieron. Construyeron un colegio, pero no duró más de cuatro años. Creo que fue porque allí espantan. Eso ahora está botado”, lamenta.

Martha Ramos es otra moradora antigua. Dice que por las noches es usual escuchar voces o risas en el sitio. Generalmente de mujeres.

“Es raro porque eso siempre está en tinieblas, entonces no me explico cómo puede haber gente ahí en las noches. Puede ser que alguna de las mujeres (trabajadoras sexuales) murió y volvió para recoger sus pasos”, menciona.

Don Vicente cuenta que hace 60 años los vecinos del barrio se reunían al pie de dicha casa para libar, consumir alimentos de las vendedoras del lugar o simplemente ligar con las sexoservidoras.

Pero cuando caía la noche algo paranormal se desataba ahí. El diablo salía de sus infiernos, para castigar a quienes habrían sido tentados por la lujuria y violencia. Al menos eso cuenta la leyenda.

“Los borrachos decían que de la nada aparecía un hombre muy alto, con un traje oscuro. Que escondía su rostro con una capucha y realizaba movimientos ligeros para atraparlos. La gente corría despavorida. Temían que los alcanzara y el sitio quedaba desolado”, resume.

Hay una variedad de historias que giran en torno a este lugar. Algunas creíbles. Otras increíbles. Pero solo quien las vivió puede juzgarlas.

Por eso don Vicente es pieza clave. Recuerda que por las noches, en la esquina de esta casa, veía a una hermosa mujer que se paseaba de lado a lado, esperando a alguien.

“Era bellísima, pero no era del barrio. Sabía cambiar de esquina cada noche. Decían que era viuda y que salía a buscar a su marido. Cuando veía a algún borracho se acercaba, le tomaba del brazo y lo llevaba hasta la puerta de ‘La casa de los siete infiernos’. Ahí desaparecía y del susto a ellos se les quitaba la chuma”, relata.